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"¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?"

¿Qué es el amor?

El amor es un precioso don que recibimos de Jesús. El afecto puro y santo no es un sentimiento, sino un principio. Los que son movidos por el amor verdadero no carecen de juicio ni son ciegos.
Existe muy poco amor verdadero, consagrado y puro. Se trata de algo muy escaso. La pasión se denomina amor.
El amor verdadero es un principio santo y elevado, por completo diferente en su carácter del amor despertado por el impulso, que muere de repente cuando es severamente probado.
El amor es una planta de crecimiento celestial, y tiene que ser cultivado y nutrido.  Los corazones afectuosos y las palabras veraces y bondadosas harán felices a las familias y ejercerán una influencia elevadora sobre todos los que lleguen a estar en su esfera de influencia. EL HOGAR CRISTIANO p.42

Casamiento con incrédulos

“No tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito; sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo Isaac.” (Génesis 24: 3, 4).

La fe habitual de Abrahán en Dios y su sumisión a la voluntad divina se reflejaban en el carácter de Isaac; pero el joven era de afectos profundos, y de naturaleza benigna y condescendiente. Si se unía con una mujer que no temiera a Dios, se vería en peligro de sacrificar sus principios en aras de la armonía. Para Abrahán elegir esposa para su hijo era asunto de suma importancia y anhelaba que se casara con quien no le apartase de Dios. . .
Abrahán había notado los resultados que desde los días de Caín hasta su propio tiempo dieran los casamientos entre los que temían a Dios y los que no le temían. Tenía ante los ojos las consecuencias de su propio matrimonio con Agar y las de los lazos matrimoniales de Ismael y de Lot. La falta de fe de Abrahán y de Sara había dado lugar al nacimiento de Ismael, mezcla de la simiente justa con la impía.  La influencia del padre sobre su hijo era contrarrestada por la de los idólatras parientes de su madre, y por la unión de Ismael con mujeres paganas. . .
La esposa de Lot era una mujer egoísta e irreligiosa, que ejerció su influencia para separar a su marido de Abrahán. Si no hubiera sido por ella, Lot no habría quedado en Sodoma, privado de los consejos del sabio y piadoso patriarca. . .
Nadie que tema a Dios puede unirse sin peligro con quien no le teme.  “¿Andarán dos juntos, si no estuvieron de concierto?” (Amós 3: 3).  La felicidad y la prosperidad del matrimonio dependen de la unidad que haya entre los esposos; pero entre el creyente y el incrédulo hay una diferencia radical de gustos, inclinaciones y propósitos.  Sirven a dos señores entre los cuales la concordia es imposible.  Por puros y rectos que sean los principios de una persona, la influencia de un cónyuge incrédulo tenderá a apartarla de Dios. . . El mandamiento del Señor dice: “No os juntéis en yugo con los infieles” (2 Cor. 6: 14) (Patriarcas y Profetas, págs. 168, 171, 172). CONFLICTO Y VALOR p. 58.


Las órdenes de Dios son claras

El Señor ordenó al antiguo Israel que no se relacionara por casamientos con las naciones idólatras que lo rodeaban: “Y no emparentarás con ellos: no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo.” Se da la razón de ello.  La sabiduría infinita, previendo el resultado de tales uniones declara: “Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá presto.” “Porque tú eres pueblo santo a Jehová tu Dios: Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la haz de la tierra.” . . .
En el Nuevo Testamento hay prohibiciones similares acerca del casamiento de los cristianos con los impíos.  El apóstol Pablo, en su primera carta a los corintios declara: “La mujer casada está atada a la ley, mientras vive su marido; más si su marido muriere, libre es: cásese con quien quisiere, con tal que sea en el Señor.” También en su segunda epístola escribe: “No os juntéis en yugo con los infieles: porque ¿qué compañía tiene la justicia con la injusticia? ¿y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿y qué concordia Cristo con Belial? ¿o qué parte el fiel con el infiel? ¿Y qué concierto el templo de Dios con los ídolos? porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré en ellos; y seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo y yo os recibiré, y seré a vosotros Padre, y vosotros me seréis a mí hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.(2º Corintios 6: 14- 18.)
La maldición de Dios recae sobre muchas de las relaciones inoportunas e impropias que se entablan en esta época del mundo. Si la Biblia dejara estas cuestiones en luz vaga e incierta, la conducta seguida por muchos jóvenes de hoy en sus uniones unos con otros resultaría más excusable. Pero las exigencias de la Biblia no son órdenes a medias; requieren una perfecta pureza de pensamiento, palabra y acto. Sentimos gratitud hacia Dios porque su Palabra es lámpara a nuestros pies y nadie necesita errar la senda del deber. Los jóvenes deben dedicarse a consultar sus páginas y escuchar sus consejos, porque siempre se cometen tristes errores al apartarse de sus preceptos.
EL HOGAR CRISTIANO p. 53

Dios prohibe a los creyentes que se casen con incrédulos

Nunca debe el pueblo de Dios aventurarse en terreno prohibido. El casamiento entre creyentes e incrédulos ha sido prohibido por Dios; pero con demasiada frecuencia el corazón inconverso sigue sus propios deseos y se contraen casamientos que Dios no sanciona. Por esta causa muchos hombres y mujeres están sin esperanza y sin Dios en el mundo. Murieron sus aspiraciones nobles, y Satanás los sujeta en su red por una cadena de circunstancias. Los que son dominados por la pasión y el impulso tendrán que cosechar una mies amarga en esta vida, y su conducta puede resultar en la pérdida de su alma.
Los que profesan la verdad pisotean la voluntad de Dios al casarse con incrédulos; pierden su favor y hacen obras amargas, de las que habrán de arrepentirse. La persona incrédula puede poseer un excelente carácter moral; pero el hecho de que no haya respondido a las exigencias de Dios y haya descuidado una salvación tan grande, es ra
zón suficiente para que no se verifique una unión tal
.
  El carácter de la persona incrédula puede ser similar al del joven a quien Jesús dirigió las palabras: “Una cosa te falta,” y esa cosa era la esencial.
EL HOGAR CRISTIANO p.54

Los Casamientos Apresurados

No se han de favorecer los matrimonios tempranos. Un compromiso tan importante como el matrimonio y de resultados tan trascendentales no debe contraerse con precipitación, sin la suficiente preparación y antes de que las facultades intelectuales y físicas estén bien desarrolladas.

Los muchachos y las niñas contraen matrimonio sin amor y criterio maduros, sin sentimientos elevados y nobles, y aceptan los votos matrimoniales completamente impulsados por sus pasiones juveniles. . . .

Los afectos formados en la infancia han terminado frecuentemente en uniones desgraciadas, o separaciones deshonrosas. Rara vez han resultado felices las uniones tempranas, si han sido hechas sin el consentimiento de los padres. Deberían mantenerse sujetos los afectos juveniles hasta que llegue el tiempo en que la edad y la experiencia suficientes permitan libertarlos con honra y seguridad.  Los que no se dejan sujetar están en peligro de vivir una vida desdichada. El joven que aun no ha pasado los veinte años es un pobre juez de la idoneidad de una persona tan joven como él para ser la compañera de su vida.  Una vez que ha madurado su criterio, se contemplan atados uno a otro para siempre, y quizá sin condiciones para hacerse mutuamente felices. Entonces, en vez de tratar de sacar el mejor partido de su suerte, se hacen recriminaciones, la brecha se agranda hasta sentir completa indiferencia el uno hacia el otro. La palabra hogar no tiene nada de sagrado para ellos.  Hasta su misma atmósfera está envenenada por palabras duras y amargos reproches.
Los matrimonios prematuros son causa de una vasta cantidad de los males que existen hoy. Cuando se contrae matrimonio en una época demasiado temprana de la vida, no se fomenta la salud física ni el vigor mental. Se razona enteramente poco en cuanto a este asunto. Muchos jóvenes proceden por impulso. Con demasiada frecuencia dan precipitadamente este paso, que los afecta seriamente para bien o mal, que puede ser una bendición o una maldición para toda la vida.  Muchos no quieren escuchar la voz de la razón o instrucción desde un punto de vista cristiano.
Satanás está constantemente atareado para apresurar a los jóvenes inexpertos hacia una alianza matrimonial. Cuanto menos nos gloriemos de los casamientos que se contraen hoy, mejor será.
Como consecuencia de los casamientos apresurados, aun entre el pueblo de Dios, se producen separaciones, divorcios y gran confusión en la iglesia.
¡Qué contraste entre la conducta de Isaac y la de la juventud de nuestro tiempo, aun entre los que se dicen cristianos! Los jóvenes creen con demasiada frecuencia que la entrega de sus afectos es un asunto en el cual tienen que consultarse únicamente a si mismos, un asunto en el cual no deben intervenir ni Dios ni los padres.  Mucho antes de llegar a la edad madura, se creen competentes para hacer su propia elección sin la ayuda de sus padres. Suelen bastarles unos años de matrimonio para convencerlos de su error; pero muchas veces es demasiado tarde para evitar las consecuencias perniciosas. La falta de sabiduría y dominio propio que los indujo a hacer una elección apresurada agrava el mal hasta que el matrimonio llega a ser un amargo yugo. Así han arruinado muchos su felicidad en esta vida y su esperanza de una vida venidera.
EL HOGAR CRISTIANO p.67 y 68.

El consejo de los padres

Jóvenes amigos, pedid consejo a Dios y a vuestros padres temerosos de Dios. Orad por el asunto. Pesad cada sentimiento, y observad el desarrollo del carácter de la persona con quien pensáis ligar el destino de vuestra vida. El paso que estáis por dar es uno de los más importantes de vuestra vida, y no debierais darlo precipitadamente. Aunque podéis amar, no améis ciegamente. 
Examinad cuidadosamente las cosas para ver si vuestra vida matrimonial será feliz, o desavenida y desgraciada.  Preguntaos: ¿Me ayudará esta unión a ir al cielo? ¿hará aumentar mi amor a Dios? ¿agrandará mi esfera de utilidad en esta vida?  Si estas reflexiones no presentan inconvenientes, avanzad en el temor de Dios.
Pero si se ha contraído un compromiso sin una comprensión plena del carácter de la persona con quien pensáis uniros, no creáis que el compromiso hace positivamente necesario que carguéis con el voto matrimonial y os liguéis para toda la vida con alguien a quien no podéis amar ni respetar. Tened mucho cuidado al hacer un compromiso condicional; pero será mejor, mucho mejor, romper ese compromiso antes del matrimonio, que separarse después, como hacen muchos.
MENSAJES PARA LOS JOVENES p. 447

Los jóvenes confían demasiado en los impulsos. No deberían entregarse demasiado presto ni dejarse cautivar tan pronto por el exterior atrayente del objeto de su afecto. El noviazgo tal cual se realiza en esta época es una farsa e hipocresía con la cual el enemigo de las almas tiene más que ver que el Señor. Si en algo se necesita el buen sentido es en esto, pero el hecho es que éste tiene poco que ver en el asunto.
Si los hijos tuviesen más familiaridad con sus padres, si les hiciesen confidencias y les confiaran sus gozos y penas, se ahorrarían muchos pesares futuros. Cuando se hallen perplejos ante el camino a seguir, exponga ante sus padres su punto de vista y pídanles consejo. ¿Quiénes mejor que sus piadosos padres podrán señalarles los peligros? ¿Quiénes mejor que ellos podrán comprender sus temperamentos especiales?
Los hijos cristianos apreciarán por encima de toda bendición terrenal el amor y la aprobación de sus padres piadosos. Estos pueden simpatizar con los hijos y orar por ellos y  con ellos para que Dios los proteja y guíe. Les indicarán, más que toda otra cosa, al Amigo y Consejero que se conmoverá por la sensación de sus flaquezas. Aquel que fue tentado en todo punto como nosotros, pero sin pecado, sabe cómo socorrer a los que son tentados (Review and Herald, enero 26, 1886).
MENSAJES PARA LOS JOVENES p.448

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