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Fieles mayordomos

“Ninguno puede servir a dos señores, porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o será leal a uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero.” (Mateo 6:24)

El tema del dinero siempre fue, es y será un tema de discusión en todos los ámbitos. Particularmente el manejo y uso de un bien cuyo sustento es la confianza de toda una comunidad, es observado con detenimiento al interior de las familias y la reproducción de este bien tan escaso es un secreto guardado. Si bien hay muchas formas de obtenerlo, cuidarlo y multiplicarlo (aunque no es legal en Argentina y gran parte del mundo), nadie piensa realmente cual es la voluntad de nuestro divino Maestro en cuanto al mismo. El Señor desea que su pueblo comprenda correctamente la obra que debe realizarse, y que como mayordomos fieles procedan sabiamente en la inversión de fondos. Muchos recordaran las palabras: “Al Cesar lo que es del Cesar” (o sea, nuestro deber frente al Estado, incluso rindiendo cuentas por las ganancias obtenidas) y “a Dios lo que es de Dios”. Sin embargo, no encontramos: “a Mi lo que es Mio”. Simplemente porque todo es de Dios. Entonces, una vez comprendido esto, debemos organizarnos: ¿Cuánto destinaremos para el avance de la obra? ¿Cuánto ofrendaremos para el Señor? ¿Cuánto gasteremos en servicios? ¿Cuánto en alimentos, viajes, ropa, y las necesidades básicas? ¿Y los bienes de lujo? Bueno, aquí les presentamos una modesta selección de citas para introducirlos al tema.
Que Dios los bendiga en todo sentido!!!

Debemos reconocer la propiedad de Dios

“El cimiento de la integridad comercial y del verdadero éxito es el reconocimiento del derecho de propiedad de Dios.  El Creador de todas las cosas es el propietario original.  Nosotros somos sus mayordomos.  Todo lo que tenemos es depósito suyo para ser usado de acuerdo con sus indicaciones.
Es ésta una obligación que pesa sobre cada ser humano.  Tiene que ver con toda la esfera de la actividad humana.  Reconozcámoslo o no, somos mayordomos provistos por Dios de talentos y facilidades y colocados en el mundo para hacer una obra asignada por él.
El dinero no es nuestro; ni nos pertenecen las casas, los terrenos, los cuadros, los muebles, los atavíos y los lujos.  Tenemos tan sólo una concesión de las cosas necesarias para la vida y la salud…. Las bendiciones temporales nos son dadas en cometido, para comprobar si se nos pueden confiar riquezas eternas.  Si soportamos la prueba de Dios, recibiremos la posesión adquirida que ha de ser nuestra: gloria, honra e inmortalidad.” (El hogar cristiano p.332)

!Nuestras acciones son registradas!

 “En nuestro uso del dinero haremos de él un agente de mejoramiento espiritual porque lo consideraremos como un cometido sagrado, que no ha de emplearse para fomentar el orgullo, la vanidad, el apetito o la pasión.
Me fue mostrado que el ángel registrador anota fielmente toda ofrenda dedicada a Dios y puesta en la tesorería, y también el resultado final de los recursos así consagrados.  El ojo de Dios reconoce todo centavo dedicado a su causa y la buena o mala disposición del dador.  El motivo que impulsa a dar es también anotado.” (El hogar cristiano p.333)

En primer lugar, lo que Dios requiere

“Los requerimientos de Dios ocupan el primer lugar.  No estamos haciendo su voluntad si le consagramos lo que queda de nuestra entrada después que han sido suplidas todas nuestras necesidades imaginarias.  Antes de consumir cualquier parte de nuestras ganancias, debemos sacar y presentar a Dios la porción que él exige.  En la antigua dispensación, se mantenía siempre ardiendo sobre el altar una ofrenda de gratitud, para demostrar así la infinita obligación del hombre hacia Dios.  Si nuestros negocios seculares prosperan, ello se debe a que Dios nos bendice.  Una parte de estos ingresos debe consagrarse a los pobres, y una gran porción debe dedicarse a la causa de Dios.  Cuando se le devuelve a Dios lo que él pide, el resto será santificado y bendecido para nuestro propio uso.  Pero cuando un hombre roba a Dios reteniendo lo que él requiere, su maldición recae sobre el conjunto.” (El hogar cristiano p.334)

¿Soy equilibrado en mis gastos?

“Son muchísimos los que no se han educado de modo que puedan mantener sus gastos dentro de los límites de sus entradas.  No aprenden a adaptarse a las circunstancias, y vez tras vez piden dinero prestado y se abruman de deudas, por lo que se desaniman y descorazonan.” (El hogar cristiano p. 339)

Llevemos las cuentas

“Los hábitos de complacencia propia, o la falta de tacto y habilidad de parte de la esposa y madre, pueden ser una carga constante para la tesorería; y sin embargo, tal vez piense esta madre que está haciendo lo mejor que puede, porque nunca se le enseñó a restringir sus necesidades y las de sus hijos, y nunca adquirió habilidad y tacto en los asuntos de la familia.  Por esto puede ser que una familia necesite para su sostén dos veces más que otra igualmente numerosa.
Todos deben aprender a llevar cuentas.  Algunos descuidan este trabajo, como si no fuese esencial; pero esto es erróneo.  Todos los gastos deben anotarse con exactitud.” (El hogar cristiano p.339)

“Los padres deben aprender a vivir dentro de sus recursos.  Deben cultivar la abnegación en sus hijos y enseñarles por el precepto y el ejemplo.  Deben hacer que sus deseos sean pocos y sencillos, a fin de disponer de tiempo para la cultura mental y espiritual.” (El hogar cristiano p. 341)

“Enséñese a cada joven y a cada niño no solamente a resolver problemas imaginarios, sino a mantener una cuenta exacta de sus propias entradas y salidas.  Enséñeseles el uso correcto del dinero dándoles la oportunidad de utilizarlo.  Sea que lo suplan los padres o que lo adquieran por sus propias ganancias, que los niños y niñas aprendan a elegir y comprar su propia ropa, sus libros y otros artículos necesarios; y al llevar una cuenta de sus gastos, aprenderán el valor y el empleo del dinero, como no podrían aprenderlo en otra forma (Counsels on Stewardship, pág. 294).” (Conducción del niño p.126)

Darles los gustos no es amarlos

“No enseñéis a vuestros hijos a pensar que vuestro a
mor hacia ellos debe expresarse satisfaciendo su orgullo, prodigalidad y amor a la ostentación.  No es ahora el momento de inventar maneras de consumir el dinero.  Dedicad vuestras facultades inventivas a tratar de economizarlo.” (El hogar cristiano p.341)

Que hacer y que no hacer con el ingreso separado para el Señor

“Lo que se ha separado de acuerdo con las Escrituras como perteneciente al Señor, constituye el ingreso del Evangelio, y ya no nos pertenece.  La acción que comete un hombre al tomar recursos de la tesorería del Señor a fin de servirse a sí mismo o de beneficiar a otros en sus negocios seculares, no es mejor que un sacrilegio.  Algunos han cometido la falta de apartar del altar de Dios lo que ha sido dedicado especialmente a él.  Todos deberían considerar esto en la forma debida.  Que nadie, cuando se ve en dificultades, tome el dinero consagrado a propósitos religiosos y lo use en beneficio propio, calmando su conciencia al decir que lo devolverá en algún momento futuro.  Es mucho mejor que corte sus gastos para que correspondan con sus entradas, que restrinja sus necesidades y viva con lo que gana, que usar el dinero del Señor con propósitos seculares.-9 T 246, 247.” (Consejos sobre mayordomía cristiana p.84)

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