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Las trampas de la sensualidad (Parte 2)

[dropcap]E[/dropcap]l presente artículo es una continuación (casí un deber de continuarlo, aunque un privilegio también) de la primer parte, publicada ya hace un largo tiempo atrás (Ver el artículo haciendo click aquí). Se las recomiendo leerla, porque si bien las citas no fueron escritas de manera lineal, tiene una coherencia y un sentido espiritual que sabrán reconoce el corazón que anhele entregarse por completo (incluso en esta área tan complicada) al divino Maestro, y que nos enseñe todo lo que haga falta.

A título personal, los temas que se tratarán y las citas utilizadas son las mas necesarias para la salud social del pueblo de Dios en este tiempo… Hoy en día se tiende a razonar la amistad entre el hombre y la mujer con mucha liviandad, prefiriendo nuestras propias respuestas a la típica pregunta “¿existe la amistad entre un hombre y una mujer?” que una respuesta clara y sencilla del Señor. ¿Existirá realmente esa amistad? ¿Que hay respecto a como hombres y mujeres “cristianos” se relacionan hoy en día? ¿todo vale? Bueno, estas y otras preguntas más serán contestadas a partir de una serie de citas, deseando que sean de provecho para tu vida espiritual y de preparación para la pronta venida de Jesús.

La medicina contra la tentación y el pecado

“La mente de un hombre o de una mujer no desciende en un momento de la pureza y santidad a la depravación, corrupción y delincuencia.  Se requiere tiempo para transformar lo humano en algo divino, o para degradar a los que fueron formados a la imagen de Dios al punto de comunicarles características brutales o satánicas.  Por la contemplación nos transformamos.  Aunque creado a la imagen de su Hacedor, el hombre puede educar de tal manera su mente que el pecado que antes le repugnara le resulte agradable.  Al dejar de velar y orar, deja de custodiar la ciudadela de su corazón, y participa en el pecado y los delitos.  El intelecto queda degradado, y es imposible elevarlo de la corrupción mientras se le educa de un modo que esclavice sus facultades morales e intelectuales y las sujete a las pasiones más groseras.  Debe reñirse una guerra constante contra el ánimo carnal; y necesitamos que nos ayude la influencia refinadora de la gracia de Dios, que atraerá la mente hacia arriba y la habituará a meditar en cosas puras y santas.” (Testimonies for the Church, tomo 2, pág. 478, 479)

Si la tentación es mas fuerte que yo, ¿soy responsable de mis actos?

“No hay seguridad para hombre alguno, sea joven o anciano, a menos que sienta la necesidad de solicitar el consejo de Dios a cada paso.  Sólo aquellos que se mantienen en estrecha comunión con Dios aprenderán a valorar a los hombres como él los valora, y a reverenciar a los puros, los buenos, los humildes y los mansos.  El corazón debe ser custodiado como lo fue el de José.  Entonces se hará frente con decisión a las tentaciones a apartarse de la integridad, diciendo: “¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” La tentación más poderosa no disculpa el pecado.  Por intensa que sea la presión a la cual nos veamos sometidos, el pecado es un acto nuestro.  La sede de la dificultad está en el corazón irregenerado.” (Manuscrito 19a, 1890)

Una propuesta interesante y diferente

“En vista de los peligros de este tiempo, y como pueblo que guarda los mandamientos de Dios, ¿no habremos de apartar de nosotros todo pecado, toda iniquidad, toda perversidad? ¿No habrán de vigilarse estrictamente a sí mismas las mujeres que profesan la verdad, a fin de no estimular la menor familiaridad injustificablePueden cerrar muchas puertas de tentación si observan en toda ocasión una reserva estricta y una conducta apropiada.” (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 243.)

Un consejo para las mujeres

Creanme, esto les va a sacar muchos dolores de cabeza

“Con corazón angustiado escribo que en esta época las mujeres, casadas y solteras, con demasiada frecuencia no observan la reserva necesaria.  Coqueteando, estimulan las atenciones de hombres solteros y casados y los que son moralmente débiles quedan seducidos.  Al tolerar estas cosas, se amortiguan los sentidos morales y se ciega el entendimiento de manera que el delito no parece pecaminoso.  Se despiertan pensamientos que no se habrían despertado si la mujer hubiese conservado su lugar con toda modestia y seriedad.  Puede ser que no tuvo ella misma propósito o motivo ilícito, pero estimuló a hombres que son tentados, y que necesitan toda la ayuda que puedan obtener de quienes los traten.  Si ellas se hubiesen mantenido circunspectas y reservadas y si, en vez de permitirse libertades y recibir atenciones injustificables, hubiesen tenido un alto tono moral y una dignidad apropiada, podría haberse evitado mucho mal.” (Manuscrito 4a, 1885)

 Debieran seguir una conducta muy diferente

“Hace mucho que quiero hablar a mis hermanas y decirles que, por lo que agradó al Señor mostrarme en una oportunidad, hay un gran defecto entre ellas.  No son cuidadosas en cuanto a abstenerse de toda apariencia de mal. No son todas discretas en su conducta, como conviene a mujeres que profesan la piedad.  Sus palabras no son tan selectas y bien escogidas como debieran serlo las de quienes recibieron la gracia de DiosSon demasiado familiares con sus  hermanos. Se demoran en derredor de ellos, se inclinan hacia ellos, y parecen preferir su compañía.  Sus atenciones les dan mucha satisfacción.
De acuerdo con la luz que el Señor me ha dado, nuestras hermanas debieran seguir una conducta muy diferente: ser más reservadas, manifestar menos audacia y ataviarse “con vergüenza y modestia.” Tanto los hermanos como la hermanas se entregan demasiado a la conversación jovial  cuando están juntos ambos sexos.  Las mujeres que profesan tener piedad dejan oír muchas bromas y risas.  Esto no es propio y contrista al Espíritu de Dios.  Estas manifestaciones revelan una falta de verdadero refinamiento cristiano.  No fortalecen el alma en Dios, sino que producen grandes tinieblas, ahuyentan a los ángeles celestiales puros y refinados y rebajan a un nivel inferior a quienes participan de estos males.” (Testimonies for the Church, tomo 2, pág. 455)

 La buena o mala influencia que elegimos reflejar en nuestras relaciones

Con mucha frecuencia son las mujeres las que tientan. Con un motivo u otro, requieren la atención de los hombres casados o solteros, y los llevan adelante hasta que transgreden la ley de Dios, hasta que su utilidad queda arruinada y sus almas están en peligro…. Si las mujeres quisieran tan sólo elevar sus vidas y trabajar con Cristo, su influencia sería menos peligrosa; pero con sus sentimientos actuales de despreocupación acerca de las responsabilidades del hogar y de los requerimientos que Dios les hace, su influencia se hace sentir con frecuencia en el sentido del mal, sus facultades son empequeñecidas, y su obra no lleva la impresión divina. (Joyas de los Testimonios, tomo 2, págs. 237, 238)

 

Mujeres atrevidas y audaces como instrumentos de Satanás

“Hay tantas señoritas atrevidas y mujeres audaces que tienen la facultad de hacerse notar, poniéndose en la compañía de hombres jóvenes, invitando las atenciones y flirteos de hombres casados y solteros, que a menos que Vd. se concentre en Cristo y sea firme como el acero, será arrastrado a la red de Satanás.” (Medical Ministry, pág. 145)

Los “chistes” y sugerencias sensuales esconden una dura realidad

“Como embajadora de Cristo, os suplico a vosotros que profesáis la verdad presente, para que rechacéis cualquier avance de la impureza, y abandonéis la sociedad de aquellos que emiten una sugestión impura. Repudiad estos pecados contaminadores con el más intenso odio. Apartaos de aquellos que, aun en la conversación, permiten que su mente siga esta tendencia; “porque de la abundancia del corazón habla la boca.”…
No debierais ni por un momento dar cabida a una sugestión impura y disfrazada; porque aun eso manchará el alma, como el agua impura contamina el conducto por el cual pasa.” (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 37.)

“Una mujer que permita que en su presencia se pronuncie una palabra o sugestión impúdica, no es como Dios quisiera que sea; la que permite cualquier familiaridad indebida o sugestión impura no conserva su calidad de mujer semejante a Dios.” (Manuscrito 4a, 1885)

Asumir una actitud responsable que agrade a Dios

“Nuestras hermanas deben cultivar la verdadera mansedumbre; no deben ser habladoras ni atrevidas, sino modestas, humildes y tardas en hablar. Pueden ser corteses, pues agradarán a Dios si son bondadosas, tiernas, compasivas, perdonadoras y humildes. Si asumen esta actitud, no se verán molestadas por atenciones indebidas de parte de los hombres en la iglesia o fuera de ella.  Todos sentirán que hay en derredor de estas mujeres que temen a Dios un círculo sagrado de pureza que las protege de cualesquiera libertades injustificables.
En el caso de algunas mujeres que profesan tener piedad, existe una libertad de modales descuidada y vulgar que induce al mal.  Pero las mujeres cuyo ánimo y corazón se dedican a meditar en temas fortalecedores de la pureza en la vida y elevadores del alma para que comulgue con Dios, no se extraviarán con facilidad de la senda recta y virtuosa.  Las tales serán fortalecidas contra los sofismas de Satanás, y preparadas para resistir sus artes seductoras.” (Testimonies for the Church, tomo 2, pág. 456)

[info_box]Os suplico que, como quienes siguen a Cristo y lo profesan altamente, que cultivéis la preciosa e inestimable joya de la modestia, que es guardadora de la virtud.(Testimonies for the Church, tomo 2, pág. 458)[/info_box]

 Pensemos en realidades eternas, no dediquemos tiempos pensando “castillos en el aire”

Debéis dominar vuestros pensamientos.  Esta tarea no será fácil, y no podéis cumplirla sin esfuerzo aplicado y aun severo.  Sin embargo, es lo que Dios os exige; es un deber que incumbe a todo ser que ha de dar cuenta.  Sois responsables delante de Dios por vuestros pensamientos.  Si os entregáis a imaginaciones vanas y permitís que vuestra atención se espacie en temas impuros, sois en cierta medida tan culpables delante de Dios como si vuestros pensamientos se hubiesen puesto en ejecución Todo lo que impide la acción es la falta de oportunidad.  El soñar de día y de noche, así como el edificar castillos en el aire, constituyen malos hábitos, excesivamente peligrosos.  Una vez arraigados, es casi imposible deshacerse de ellos y dirigir los pensamientos hacia temas puros, santos y elevados.” (Testimonies for the Church, tomo 2, pág. 561)

Continuará…

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